lunes, 21 de marzo de 2016

Anclé la vela.

Por el rubor de tus mejillas cercadas
hice del reojo ladrido kamikaze,
asalto prometido, latido confeso.
Hilé entre tus marañas rayos de sol derribado,
escarcha estival, aceite quemado.
Con los acordes que enraizaron tus pasos,
mis adoquines silbaron tormento de estrellas,
trino de cuervos, bramido, soleares.

Por si sobraba vida mordiste mis hombros
vestiste de carne, bailaste en la hoguera.
En tu lecho de espigas durmieron luciérnagas,
labios impares, vapor inerte, elegías.
Y de tanto rodar, el carrusel voló
sin pretextos, sin alfombras que apisonen
la estela rosada que grabó tu carmín
en tierra de nadie.

Por el sudor de tus pechos cerrados
me até a la tierra, pisé razones,
anclé la vela.

jueves, 26 de marzo de 2015

La aduana de abril.

Si apostamos por encalar el tejado en nuestro suelo
yo también fundiría esta jaula de tierra quemada
y labraría centeno y miel sobre las arrugas
del oasis que son tus labios.

Pero no hay indicios de primavera en la periferia
de mi desmundo, ni delito en cruzar
la aduana de abril con el invierno a rastras;
marcando los rastros de carmín, embarrando
la senda por la que un día solo serás recuerdo.

Dicen que la vida es eso: encallarse en el lodo
y rugir hasta la afonía el quizás que nunca veremos.
Mas no cederemos aunque se expanda el barro
aunque nos trague el mar y se esconda el puerto,
pues tú eres viento y eres oleaje,
y yo los restos de un naufragio
bajo el dictamen de la deriva.

martes, 16 de diciembre de 2014

Ante el invierno.

A la orilla llega diciembre, ahora que achico
los charcos grises que escribieron mi naufragio.
Este viaje se tornó en vida sin avisarme,
hizo de la mente el camino,
y del arte, las piernas.

Como todas, tropecé con el despertador
que deja los sueños a medias, y nos llena
la vista de apatía y de atropellos.
No pagué por mi pasaje, pagué por cada
ausencia mal aparcada, por cada trago
sostenido al borde del amanecer.

Lo quemé todo. Tú prendiste la hoguera
pero el fuego era mío.
Y ahora me enfrento a las cenizas
que todavía arden y enturbian cada paso
con las miradas que aún son parte de mis ojos.

Nunca volveremos,
pues somos parte del viento
que siembra y rompe las flores
insurgentes ante el invierno.
Siempre volaremos,
pues somos la desembocadura
del arte que nos mece,
pues somos el caudal
de los golpes que nos quedan.

martes, 7 de octubre de 2014

No importa.

Se hunde el barco, pero no importa,
hay gaviotas que nadan por el aire,
canciones como oxígeno, y mundos
de arcilla que moldean nuestros ojos.
Aún hay Quijotes que resisten el tornado
de imbéciles, y esconden un par de galaxias
en la trinchera.

Hicieron presa a la locura,
y el arte duerme en un cajero,
y pinta fusiles que combaten
la sin razón de cada vida muerta,
de cada bosque de antenas,
de cada sueño de plástico.

Antes de que la niebla lo inunde todo,
nos embarcaremos en molinos,
nos armaremos de viento,
y joderemos a la lógica hasta
que no queden más razones.

La orquesta seguirá tocando
el llanto desafinado de la tierra,
aunque la sordera lo empañe todo
aunque el espejo nos aparte la mirada
y este sea el último segundo.

domingo, 31 de agosto de 2014

Los tristes.

Vengo de los tristes, de las bocas
rotas en el amor y en los baños.
Vengo del llanto partido entre los parpados
de tus ojos, y de todos los ojos de la música.
Estoy en la memoria de los parques,
en el incendio de los días, y en las noches
que se amontonan en comisarías y en recuerdos.

Vengo de los tristes, del camino lento
empedrado, resentido.
Vengo del tropiezo, de las tardes muertas
que renacen entre escarcha y amapolas.
He roto platos, he dormido en los coches
como Quique, y como las moscas resbaladizas
que nadie logrará nunca atrapar.

Me nutro del silencio, de la duda,
de los sabores que desvisten los sentidos,
enmudecidos entre el dinero y las prisas.
Me deslumbra el desgaste, las sombras
que combaten al alba en el mar del vómito,
las ideas que naufragan en desiertos, la nada
que brinda por lo que no existe, pero tal vez.

Vengo de los tristes, de la nostalgia permanente
que se desnuda sobre un cielo rojo
y un sol quemado.
Vengo de la tristeza que calza sonrisas
cosidas a mano, bajo los bombardeos
de calles grises, despedidas, y arañazos.

miércoles, 16 de julio de 2014

42 Gramos.

Tras bajar la persiana, la mente
se vistió a oscuras con los retales
de fe ciega, de mediodías,
y de resacas existenciales.

Tras emborracharme con el diablo
perdí el tren de vuelta a las alturas.
Y ya no recuerdo el vecindario,
y las cartas con mi nombre
se bañaron en ántrax entre tu aliento
de azúcar y cuentas pendientes.

Tras engullir la calzada, mis piernas
pactaron un alto al fuego, derretido
entre el calor de invierno y las manos
de cera que reposaban al sol.

Sigo debiéndole noches al pecado,
y el ocaso está más cerca que el alba.
Se oyen sirenas de policía, y las barricadas
siguen huérfanas de piedras y caminos.
El universo baila entre bromas, y las calles
transitan por cada historia y cada suela.

Pero más allá de esta ciudad,
de tu exilio, y de la chica de ayer.
Más allá del tiempo y sus fronteras,
del espacio y sus dogmas, dejaremos
42 gramos en sus bocas repartidas,
42 gramos en sus bocas escritas.

jueves, 19 de junio de 2014

Tráfico.

Por cada una de tus pausas murió una tregua
hecha de frases sin letras, de primaveras descafeinadas.
Por cada uno de mis pasos retrocedió la luna,
avanzó el abismo, se estancó el deseo.

Hice la calle bajo un cielo de botellas rotas
dormí sobre el vómito de la mente,
tantas veces que ya ni quedan
excusas que te aparten de mi derribo,
recuerdos que te amarren a mi asfalto.

Amábamos el vértigo, pero el arte de
ahorcar sonrisas de cemento acortó
las alturas, encendió los semáforos.
Todo es un juego. Y el tiempo siempre
supo que las trampas y los atajos
son la mejor de las derrotas.

Tal vez en la trinchera de otros labios
los charcos sean charcos, y la magia
sea un trastorno gris y obsesivo.
Pero ya perdimos la partida al nacer
condenados a vivir libres
de las muertes que enjaula la vida.


martes, 6 de mayo de 2014

Sigue habiendo pájaros.

Sigue habiendo pájaros en las encías del cielo,
los edificios muerden la acera, y nuestros pasos
se deshacen entre los dedos del viento.
Sé que están hechos de luz, tus ojos y esa tormenta
de letras que no cesa de rugir a este lado.

Todavía quedan pretextos, y una sonrisa de colores
amontonada en la maleta del pensamiento,
donde termina el andén y empieza el mediodía
donde esperan mil kilómetros de duda,
de soles grises y horarios opacos.

Sé que puedo vencer al ciego que me guía
que me incita a no llevarte más allá de la palabra
más allá de las ciudades, de los poemas rotos
de este mundo descosido donde no cabe nadie.

Aquí los meses huelen a tráfico y los escaparates
no reflejan a las personas, sino a la gente.
A veces juego a perderme y la noche me lleva
y me hace de carne, y me disfraza de invierno.

Refúgiame bajo la lluvia
para guardarme por si llueve
y pueda arrancar el motor
de ese verso que nunca empieza.

martes, 15 de abril de 2014

Quémalo todo.

Saborea el minutero antes de que nos desgarre,
antes de que nos encare a los espejos
y no reconozcamos a unos desconocidos
trastornados, en quiebra por lo que los mece.

Líbrate antes de que el tiempo pueda tocarnos,
use y tire la toalla en los acuerdos.
Líbrate, por si la magia solo es un oasis,
y el deseo un enemigo imaginario, moribundo...

Sal del anden, sé cobarde, no vivas,
rompe la ruta y los horarios
que acunan al amor y la escritura,
pues son una puerta abierta al peligro.

Eso es. Sé sensata, no te arriesgues
a entrar al laberinto que te reclamas,
a mantener vivo e intacto en tu coraza
al vértigo que te hace amar las alturas.

Quémalo, quémalo todo,
desde la firmeza a la incertidumbre.
Cede en este pulso a la cordura.
Engrasa los frenos del pecado,
déjale hablar al silencio que callamos
y que el viento haga de las suyas.

Quémalo, sal y corre,
antes de que pueda invadirte,
antes de que puedas invadirme,
y solo seamos fruto de un universo mutuo
ajeno a nuestras manos,
ajeno a nuestros dedos.

lunes, 17 de marzo de 2014

Sin retorno.

Escribir tu voz es un viaje sin retorno,
una ventana entreabierta al infinito.
Tu risa hecha de viento moldea el oasis
de tentaciones mal curadas en la distancia.

Los dos diseñamos los límites sin saberlo,
inventamos cauces, nos prestamos tiempo
con temor a vernos en los ojos del otro,
a que el verso se haga vida
y rompa en inquietudes.

Te quiero libre, ajena a mi desastre,
al cielo que no puedo edificarte en tierra,
solo puedo escribírtelo
y exprimir a tientas la ciudad que eclipsas.

Resta dudas a la incertidumbre,
yo estoy aquí, y yo ya no soy
más que el poema incompleto que recitas,
más que los soles lejanos que enciendes.

Malditas las estrofas que nos señalan,
las palabras anestesiadas que nos dividen
en este jardín de flores ahogadas en barro.

Que se apaguen las farolas tras el telón de la noche
que la inspiración siga tus pasos cuando vuelvas
y vea en tu rizos el espejo del arte que me mantiene.