lunes, 17 de marzo de 2014

Sin retorno.

Escribir tu voz es un viaje sin retorno,
una ventana entreabierta al infinito.
Tu risa hecha de viento moldea el oasis
de tentaciones mal curadas en la distancia.

Los dos diseñamos los límites sin saberlo,
inventamos cauces, nos prestamos tiempo
con temor a vernos en los ojos del otro,
a que el verso se haga vida
y rompa en inquietudes.

Te quiero libre, ajena a mi desastre,
al cielo que no puedo edificarte en tierra,
solo puedo escribírtelo
y exprimir a tientas la ciudad que eclipsas.

Resta dudas a la incertidumbre,
yo estoy aquí, y yo ya no soy
más que el poema incompleto que recitas,
más que los soles lejanos que enciendes.

Malditas las estrofas que nos señalan,
las palabras anestesiadas que nos dividen
en este jardín de flores ahogadas en barro.

Que se apaguen las farolas tras el telón de la noche
que la inspiración siga tus pasos cuando vuelvas
y vea en tu rizos el espejo del arte que me mantiene.

No hay comentarios:

Publicar un comentario